Después de más de una década de retrasos, tropiezos técnicos y decisiones improvisadas, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Neiva finalmente salió del limbo. La administración del alcalde Germán Casagua logró reactivar la revisión y ajuste general del instrumento urbano más importante de la ciudad, mediante un contrato interadministrativo con la Universidad Nacional de Colombia, que durante 15 meses será la encargada de reconstruir el modelo de planificación territorial.
La decisión representa un giro total frente al fallido proceso vivido durante el mandato de Gorky Muñoz, cuando el intento de actualización naufragó entre incumplimientos y decisiones unilaterales, como la ampliación por decreto del perímetro urbano, hoy en investigación. La CAM, y luego el Ministerio de Ambiente, cerraron definitivamente ese expediente en 2023 al emitir conceptos no favorables y ordenar su archivo, dejando al POT en un punto muerto.
El nuevo contrato, suscrito por 4.120 millones de pesos y financiado con vigencias futuras del crédito aprobado por el Concejo, marca un antes y un después. La Universidad Nacional —con la Facultad de Arquitectura y Artes— asumirá el rol de timonel técnico y académico, entregando diez productos que incluyen diagnóstico actualizado, estudios de amenaza y riesgo, formulación normativa y un componente de adopción con participación ciudadana y concertación ambiental. Esta vez, el proceso no busca un simple ajuste, sino una verdadera reingeniería del territorio.
La urgencia es evidente: el POT vigente fue adoptado en el año 2000 y solo tuvo un ajuste en 2009. Su vigencia está vencida desde hace 16 años, lo que ha generado inseguridad jurídica, desorden urbano y una incapacidad para responder a los retos actuales, desde el cambio climático hasta las nuevas dinámicas económicas y tecnológicas. Neiva es una ciudad vulnerable a inundaciones, avenidas torrenciales y deslizamientos, y sin estudios actualizados de riesgo no es posible delimitar zonas no mitigables ni orientar un crecimiento seguro.

El nuevo proceso prioriza justamente esos vacíos. La revisión exigirá estudios robustos de amenaza, vulnerabilidad y riesgo; incorporará medidas de adaptación al cambio climático; y actualizará la estructura ecológica principal para proteger humedales, corredores biológicos y rondas hídricas. También abordará temas críticos como la localización de vivienda social, el cierre de brechas en servicios públicos, el ordenamiento de los centros poblados y el impulso a un desarrollo económico competitivo mediante una zonificación moderna y clara.
La movilidad será otro eje central. El futuro POT deberá integrar criterios de sostenibilidad y transición energética, desde corredores para bicicletas y transporte público hasta la planeación de la electromovilidad: infraestructura de carga, regulación, incentivos y lineamientos para flotas eléctricas. Esta visión, ausente en los procesos anteriores, se vuelve indispensable en un contexto de cambio tecnológico acelerado.
La participación ciudadana también está en el centro del nuevo diseño. El proceso contemplará interacción con la comunidad, el Consejo Territorial de Planeación, el Concejo de Neiva y la CAM, con el fin de garantizar legitimidad social y evitar conflictos o demandas futuras. Se trata de construir un proyecto de ciudad que trascienda los periodos de gobierno, como lo ha reiterado el alcalde Casagua.
Tras once años de parálisis, Neiva vuelve a tener una oportunidad histórica: dotarse de un POT técnicamente sólido, ambientalmente responsable, socialmente incluyente y legalmente blindado. El reto ahora es que esta vez el barco llegue a puerto y no vuelva a encallar en la improvisación.